¿Cómo sería el mundo si no hubiese paraísos fiscales?

¿Por qué existen los paraísos fiscales? ¿Cómo sería un mundo sin ellos? Y lo que es más importante: ¿Es posible erradicarlos de la faz de la Tierra?

Son algunas de las preguntas a las intenta dar respuesta el artículo firmado por DerBlaueMond en el portal económico El Blog Salmón.

Paraisos final

Lo primero que aclara el artículo es que “los paraísos fiscales existen desde los albores de la democracia”.

Y ejemplifica que “en la época de los romanos, era habitual que los ciudadanos más pudientes tuviesen cada uno su pequeño paraíso fiscal bajo tierra. Sí, efectivamente, enterraban dinero y objetos de valor para eludir al fisco, que gravaba las posesiones y bienes, valiéndose de recaudadores de impuestos para escudriñar las viviendas de los ciudadanos a la caza de lo no declarado, y asegurarse que nadie escapaba a aquella versión primigenia del versátil diezmo”.

Luego de resaltar que este tipo de acciones está “en la naturaleza humana” y volviendo a la actualidad, comenta que “un ejemplo, uno de esos paraísos fiscales típicos es la Isla de Nauru, que con una superficie de tan sólo 21 kilómetros cuadrados y 11.000 habitantes, es el tercer estado soberano más pequeño del mundo. Este atolón de la micronesia, cuando los yacimientos de fosfato que sustentaban su economía local empezaron a languidecer, decidió en los noventa reinventar su ‘modelo de negocio nacional’ como paraíso fiscal, y sólo en 1998 ya se transfirieron a la isla USD 70.000 M de la época procedentes de bancos rusos”.

Y agrega “en esta isla, el secreto bancario está legislado de forma incluso más estricta que en Suiza o en las Islas Caimán, siendo calificado abiertamente de asunto de Estado”.

Y no deja de puntualizar que “por citar algún aspecto positivo, algunos analistas destacan que la existencia de paraísos fiscales fomenta la competitividad fiscal en las economías desarrolladas, evitando que los estados profundicen en su habitual deriva de subir impuestos para tener más recursos de gestionar de una manera u otra”.

E inmediatamente el autor del artículo opina que “el problema es que yo todavía no he conocido ningún país desarrollado que haya decidido rebajar sus impuestos de forma generalizada para competir con los paraísos fiscales y evitar que el dinero se escape. Más bien he conocido el caso contrario, en el que se dan exenciones fiscales a los que repatrien el dinero y así eludir doblemente al fisco: una vez cuando se fueron, y otra vez al volver. Porque si pueden volver, suelen volver”.

Luego de esta introducción, comienza a responderse la pregunta inicial: ¿cómo sería el mundo sin paraísos fiscales? Y allí dice “la consecuencia más inmediata y obvia sería que todo el dinero actualmente depositado en los también denominados ‘Tax Havens’, debería aflorar y revertir sobre el resto de las economías. En esta noticia pueden leer cómo la organización no gubernamental Oxfam cifró esta cantidad a nivel mundial en € 14.000 M”.

Y agrega “repatriar todo este dinero sin duda supondría una inyección importante para las economías europeas, independientemente de si se procede a fiscalizar el retorno o no. Eso sí, sería una asignatura pendiente para Europa demostrar que es capaz de canalizar dicho ‘bazooka’ de flujos monetarios hacia sectores que reviertan en la economía y en el tejido productivo, para que la vuelta a casa no quede en una mera flor de un día”.

Pero advierte sobre los efectos a mediano plazo. “Háganse la idea de que entonces la eufemísticamente denominada ‘ingeniería financiera’ entraría en una nueva dimensión dentro de nuestras propias sociedades y economías”.

2017-03-13T19:42:58+00:00

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