Fertilización de precisión

Los expertos aseguran que la apuesta por una fertilización variable en la agricultura de precisión influye directamente en la reducción de la huella de carbono, contribuye a no incrementar el efecto invernadero y permite obtener una producción más rentable y sostenible con el medio ambiente.

Las herramientas que se están utilizando para realizar una fertilización de precisión centrarán el curso de Agricultura de Precisión organizado por la Junta de Castilla y León en el Centro Integrado de Formación Profesional Palencia Viñalta de Palencia que comenzó el 10 y concluye el 13 de septiembre.

Dirigido a técnicos y profesionales del campo y contará con la experiencia de ingenieros agrónomos del ITACyL, de las universidades de Valladolid y Burgos, y de empresas privadas como la burgalesa aGrae que lleva años impulsando y “concienciando” a los agricultores sobre “la eficiencia” y las ventajas de la fertilización variable, según ha explicado EFE, el Doctor ingeniero agrónomo y creador de aGrae, Jorge Miñón.

Según consigna la agencia, Miñón destaca que la fertilización puede suponer entre el 20% y el 30% de los costes totales de una explotación agrícola y que el uso de fertilización variable puede conllevar un ahorro de fertilizantes de entre el 5% y el 23%. Es decir, hasta 90 €/Ha, tal y como se ha comprobado con los trabajos realizados por Agrae en Sariñena (Huesca), donde han demostrado las ventajas de la fertilización variable, es decir, de ajustar la fertilización a las necesidades del suelo y de la producción.

Para conseguir todos estos objetivos aGrae ha decido integrar todas las tecnologías que hay en el mercado.

Según explica Miñón, lo primero es conocer el suelo, para lo que realizan “mapas” utilizando una técnica novedosa en España que consiste en radiografiarlo a través de conductividad eléctrica aparente para ver si es un suelo compactos o arenosos, o cómo se infiltra el agua cuando llueve y como la retiene.

Con esta información se segmenta el suelo y después se toman muestras de cada zona que se analizan en el laboratorio para ver los nutrientes que tiene.

El resultado son unos mapas del suelo en los que se ve el tipo de suelo, la materia orgánica que contienen, su pH o la distribución de los nutrientes, explica Miñón.

La información del suelo se completa con la que se obtiene del cultivo a través de sistemas de teledetección satelital y de estaciones meteorológicas con los que se elaboran mapas de vigor, se mide la temperatura y la humedad del ambiente o la radiación solar.

Con todos estos datos se pueden elaborar programas de fertilización variable acordes al tipo de nutrientes que tiene el suelo y su potencial productivo y emplear los fertilizantes de forma localizada, con lo que se hace un uso más eficiente que, a su vez, supone un ahorro de costes y una reducción en la emisión de gases de efecto invernadero, asegura.

Y no solo se reduce la emisión de gases de efecto invernadero sino que además se reduce el uso de fosfatos y potásicos, minerales utilizados en la obtención de fertilizantes, cuyas reservas son limitadas.

2018-09-11T11:35:02+00:00

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